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Un accidente de tránsito registrado en la tarde de este domingo en Jagüey Grande, Matanzas, dejó dos personas heridas y un vehículo histórico dañado: un Buick Special de 1958, uno de los autos estadounidenses más emblemáticos conservados en Cuba desde la década de los 50.
Según informó en redes sociales la página comunitaria ‘Yo Amo Jagüey’, el choque ocurrió alrededor de las 2:00 p.m. en la intersección de las calles 13 y 66. Dos heridos fueron trasladados al hospital municipal, aunque no se han divulgado detalles sobre su estado de salud.
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El auto clásico colisionó con una motocicleta, que quedó tendida sobre el pavimento. La carrocería del Buick presentó daños visibles en uno de sus laterales, donde destaca su reconocible moldura cromada en forma de lanza y sus aletas traseras (“tailfins”), típicas del diseño automovilístico estadounidense de finales de los años 50.
El Buick Special de 1958, fabricado por la compañía General Motors, es recordado por su diseño llamativo con faros dobles, una parrilla cromada distintiva y las estilizadas aletas que marcaron una época.
En ese año se produjeron más de 240,000 unidades, y muchas llegaron a Cuba antes de 1959, donde aún circulan gracias al ingenio mecánico de generaciones de cubanos.
Vecinos de la zona se acercaron al lugar del accidente, mientras las autoridades investigan las circunstancias del hecho.
Cuba y el sueño americano sobre ruedas: “Usted sí puede tener un Buick”
El auto accidentado no es solo una reliquia mecánica: es un símbolo del auge automovilístico que vivió Cuba en la primera mitad del siglo XX. Para 1919, la isla ya era el mayor importador de autos en América Latina, y La Habana se convirtió en uno de los principales mercados de prueba de la industria automovilística estadounidense.
La entrada de vehículos comenzó desde temprano. En 1902, llegó a Santiago de Cuba un auto de vapor de la marca Locomobile and Co. of America, y ya en 1910, circulaban por las calles de la capital unos 4,000 automóviles. En 1922, esa cifra había crecido a 20,000.
Durante décadas, los cubanos vivieron una verdadera fiebre del motor. Las calles se llenaron de Chevrolet, Ford, Oldsmobile, Pontiac, Plymouth y Buick, marcas que competían ferozmente por captar a un público cada vez más fascinado por la modernidad sobre ruedas.
Entre ellas, Buick se ganó un lugar especial en el corazón de los cubanos, posicionándose como un símbolo de estatus, confort y modernidad. Su fama fue impulsada por un lema sencillo pero eficaz que repetían emisoras de radio, periódicos y revistas:
“Usted sí puede tener un Buick”
Con la opción de compra a plazos y salones de exposición iluminados en el centro de La Habana, miles de cubanos pudieron acceder a vehículos que hoy serían considerados clásicos de colección.
En 1958, justo un año antes del triunfo de la Revolución, Cuba ocupaba el sexto lugar mundial en promedio de automóviles por habitante, solo detrás de potencias como Estados Unidos, Canadá y Alemania Occidental. Más de 180,000 autos circulaban por la isla, en su mayoría estadounidenses, y muchos de ellos aún siguen activos, convertidos en un asombroso museo viviente que rueda por las calles gracias a la inventiva y tenacidad del pueblo cubano.
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